Mis básicos en Educación (Apuntes “completos”) Del 1 al 6

– partiendo de la base de que no hay recetas mágicas, ni manual de instrucciones, ni un modo unívoco de aplicar a cada sujeto dispar los mismos métodos (aunque estos sí sean universales y atemporales; sistema preventivo) etc.

 

 

 

      Si partimos de la base de que no hay recetas en educación (y mucho menos mágicas), podemos caer en el simplismismo y en la resignación. Y escuchamos a la gente decir cosas como que “la educación de antes era de una manera y ahora es de la otra” y “es que hemos dado un bandazo que no veas”, “somos la generación a la que mandaron sus padres y ahora también han de obedecer a sus hijos”, “educar es un arte” etc.

      Yo tampoco voy a daros recetas mágicas, tampoco estoy escribiendo un manual para aquellos padres / madres (o educadores) que lamentan que los hijos (o educandos) no vengan con un manual de instrucciones, simplemente pretendo invitaros a reflexionar sobre los métodos que para mí están probados y generar conocimiento desde la dialéctica entre los que os animéis a mandar vuestros comentarios y yo mismo. Siempre he dicho que sabemos los “qués” y nos faltan “cómos” (en educación, en principio, no me interesan los “por qués”)

      Los “cómos” que yo voy a ir dando aquí (incluso a veces no parecerán un “cómo” aunque lo sean), nos hablan de que hay métodos universales y atemporales (en el que yo creo es el Sistema Preventivo de D.Bosco) y que adaptados de la forma más conveniente a cada sujeto dispar son una buena manera de abordar la educación y de tomar conciencia de que sí es posible educar; y necesario… y de que si “educar es cosa de la tribu entera” no me parece mala idea que nos pongamos a ello y no que culpemos a la tribu o deleguemos en ella nuestra pequeña parcela de responsabilidad.

      Resumiendo: desde mi experiencia profesional (psicólogo social y educador) y desde mi proyecto de vida (Salesiano Cooperador y padre de familia) creo firmemente que hay un conjunto de premisas básicas que, sin ser recetas, son buenos “cómos” (una metodología) para tener éxito en educación.

 

 

 

 

Advertencia: el modo en que han sido redactados estos apuntes (a modo de notas, al dictado de las ideas, con poca relectura y corrección) puede dificultar su lectura y, aunque lo siento, mantendré este formato para desterrar el artificio, la palabrería hueca y etc.

 

– Los buenos noes salen de los muchos sies.

 

      Para decir un “no” la mejor estrategia que se me ocurre es tener dichos muchos “sies” antes. Tenemos que acostúmbranos a dejar elegir a nuestros hijos (o educandos), generarles responsabilidades, espacios de decisión y libertad, etc. es muy imporatente que nos tomemos en serio este aspecto, ya que corremos el peligro de caer en el espejismo de pensar que al ser simplemente estricto con las normas conseguimos que nuestros hijos (o educandos) estén bien educados y pensamos, equivocadamente, que lo contrario provoca niños y niñas caprichosos y consentidos.

      No se trata de decir a todo que “sí” y claudicar siempre ante los deseos (órdenes) y las exigencias o los caprichos, en este segundo apunte pasa igual que con todos, lo importante es el “cómo”. Lo que hay que cuidar es los matices en cada técnica, estar muy atentos a mantener siempre el equilibrio en cada cuestión… Para aplicar bien esta metodología debemos pasar tiempo con nuestros hijos (o educandos) y así tener la oportunidad de ser muy flexibles y permisivos en todos aquellos aspectos de la vida de menor importancia o poca trascendencia, de este modo cargaremos nuestra cuenta de “sies” y cuándo estemos ante cosas realmente importantes (es que no conviene luchar todas las batallas, y agotarse en cada pequeño combate, Ej. No es lo mismo irse de acampada un finde con el Centro Juvenil, aunque sea a mitad del monte a doscientos y pico Kms. que quedarse fumando porros mañana, tarde y noche en le banco de la placeta de enfrente, aunque este cerca de casa) podremos dar “noes” de muchísimo mayor peso y credibilidad (no dejarán por eso de echarnos en cara que somos lo peor y que no les dejamos hacer nada, ni ser ellos mismos… en particular en la adolescencia, pero no será cierto y tendremos argumentos para contrarrestar)

      Además, como ya apuntaba antes… con los “sies” reforzamos conductas para que se mantengan y se repitan que son muy importantes en la tarea de crecer. Valorizando sus elecciones, poniéndonos de su parte en sus decisiones, compartiendo sus gustos y aficiones (aunque a veces no las entendamos… hay que estar con ellos en sus cosas) de modo que a ellos les cueste menos ponerse en aquellas cosas que no son tanto de su agrado, conseguimos un valioso objetivo como es el de que crezcan asumiendo responsabilidades, siendo consciente de sus decisiones, ejerciendo el derecho a su libertad… y en lugar de lo que pueda parecer en un principio, no resultan niños caprichosos y consentidos sino todos lo contrario.

       Resumiendo: Muchos “sies” en las pequeñas cosas (otro ejemplo: chuches? Sí pero solamente el fin de semana) nos garantizan buenos “noes” en las cosas importantes y generan niños/as con capacidad de decisión, responsabilidad, etc. Constantes “noes” generan inhibición, desencanto, y rebeldía no-sana a largo plazo.

 

– No merece la pena librar todas las batallas y sí centrarse en los temas básicos.

 

      Muchas veces nos agotamos por el simple motivo de convertirlo todo en algo de vital importancia, en una obligación por ser supermadres/padres (libros de autoayuda para cosas mil, para que duerma bien, para que coma bien, para etc.) y queremos superhijos/as (que sepan tres idiomas, que naden, patinen, monten en bici, campeones de Judo y capitanes del equipo de fútbol sala) Recuerdo ahora el anuncio de prevención de drogas, el niño está muy educadito y cuándo el camello le pasa, claro pues… le contesta con un gracias; que es lo que, con un poco de crudo y negro humor, nos está diciendo: si no es que no sea importante que de las gracias, que lo es, sí, pero que la educación es más, mucho más, y podemos estar descuidando las cosas importantes.

      Debemos tener una cierta escala en grados de importancia o valor que le damos a las cosas, y no vale hacer trampas y no ser capaces de ver que no todo tiene el mismo nivel de importancia. Según esta escala, no todo merecerá la misma atención y dedicación. Un educador que quiera ganar las batallas importantes, ha de ser consciente de que si agota su energía en las miles de cosas (importantes sí, vale, pero secundarias (o incluso terciarias)) de cada día, pues no tendrán suficiente energía por más que la intención sea muy buena, la disposición franca y sincera y etc. Siempre será mejor educar para interiorizar unos valores y sus normas que simplemente generar autómatas acríticos cumplidores solamente por miedo a las consecuencias negativas o desagradables (sanciones, reproches, compensaciones etc.)

      La clave está siempre en el “cómo” y en los matices: siempre, en cada intervención, cada batalla en la que entremos, debemos plantearnos claramente nuestro objetivo concreto (y después, por lo tanto, evaluar en que grado de importancia está y adecuar, así, la energía) y junto con este objetivo primario (Ej.: recoja el baño después de la ducha) está el secundario (no por ello menos importante, al contrario, tan relevante que siempre es el mismo aunque cambie el primario) que es: mantener la relación. La explicación es muy sencilla, si no cuido la forma en que digo las cosas, si “todo vale” con tal de conseguir el objetivo primario (Ej.: que recoja el baño) estaremos no sólo desgastando energías, si no también la relación y eso es lo peor que nos puede pasar… sí habremos conseguido que recoja el baño, que haga la cama, que… pero con una relación deteriorada que cuándo se presente la necesidad de abordar otros temas más importantes pues no haya dónde apoyarse.

      No quiero decir con esto que hayamos de ser permisivos hasta la negligencia y “dejar hacer” y pasarnos al otro extremo de que “todo vale”, no (cómo ya sabéis yo siempre es hablo de equilibrios y no de extremos, que siempre se tocan: el mismo resultado nos dará un exceso de rigidez que una ausencia total de implicación) lo importante es que debemos aprender a modular, a adecuar, desde la serenidad y planteando nuestros objetivos de forma sensata, concreta y coherente.

      Esto está, estrechamente relacionado, con el tema de las consecuencias que establecemos para las conductas que consideramos inadecuadas, si no tenemos claro que hay muchos niveles de importancia, pues nos encontraremos en una especie de mercado en el que no dejan de subir desproporcionadamente las consecuencias negativas a casi cada cosa de la vida cotidiana (y como hemos de ser coherentes… cuidado con lo que decimos que luego habrá que cumplir, pero no quiero adelantarme, ya habrá una entrega sobre ello; es que como ya iréis viendo todos los básicos, son eso básicos y se relacionan, integran etc. como un todo, aunque yo procure separarlos para intentar explicarlos mejor)

       Resumiendo: Cada uno, conforme a nuestro sistema de valores, hemos de establecer el grado de importancia de las cosas, como criterio general-universal, se deben considerar bastante graves y guardar casi todas las fuerzas para dedicarles, aquellas conductas o posicionamientos que conlleven consecuencias físicas graves para ellos mismos o, sobre todo, para otros que acaben implicados por ellos (Ej.: no es muy negociable, que “Truke” la moto para que alcance mayor velocidad) a cierta distancia de esto vendrían… aquellos comportamientos que conlleven consecuencias negativas sobre bienes materiales (Ej.: “coger prestado”) y en general, después, todas aquellas conductas que incapaciten o, en su defecto, no faciliten a nuestro educando su adecuada inserción en la sociedad (Ej.: engañar / mentir)

      Que se moje en la fuente en el patio no parece motivo suficiente para cambiarlo de colegio.

      No es lo mismo consumo responsable de alcohol en algún lugar adecuado con el grupo de amigos que problemas de abuso de alcohol (y / o de otras sustancias) y vandalismo urbano.

 

– Los límites primero. Coherentes y siempre consecuentes seremos…

 

      Siempre que intento explicar este tema utilizo una metáfora muy sencilla (al menos a mí me lo parece) hablo de un camino que hay que definir y que debemos recorrer o de cosas que tienen que circular de un determinado modo o así… el caso es que intento que la gente comprenda que los límites son buenos y necesarios… es mucho más fácil marcar unos límites y desde ahí saltárselos cuándo sea razonable y preciso para luego volver a dónde se conoce y está acotado y es cierto y seguro, que después de que cualquiera cosa vale y todo está confuso y disperso intentar volver a meterlo todo en algún sitio. Intentaré explicarme algo mejor, si puedo, muchas veces no es real que todo vaya a transcurrir como uno se propone y según lo que le gustaría que fuesen las cosas y conforme tiene planificado… pero aunque así fuera y es la esencia de la vida (la vida te da sorpresas) es mucho más fácil marcar los límites y si hay que dejarlos se dejan pero se encuentran rápido cuándo hay que volver a ellos… el contrario, no marcar límites y pensar que de esa manera se fomenta la espontaneidad, se es más democrático, se “mola” más… a la larga solamente trae consigo confusión, incertidumbre, perdida y extravío.

      Los educadores tenemos la obligación de poner los límites que se precisen, y esto, casi siempre es más costoso y sacrificado que el dejar hacer… aunque como todo, con sus matices, ya estamos viendo que en realidad es la única manera de educar de verdad en libertad y responsabilidad aunque al principio no pueda verse tan claro (por los chicos/as que prefieren quién les deje hacer a corto plazo, pero que son los primeros que pasado algún tiempo se dan cuenta que lo que les vale es aquello que puso el que les marco la senda a pesar de que fuera en aquel momento incomprendido por ello y por ellos) El único modo, insisto, de poder salirse de la senda, es teniendo una senda de la que salirse y a la que regresar.

      Esto es básico (como todos los otros básicos, jeje) y en especial en edades tempranas en que se están estableciendo los cimientos de la persona… entre los primeros meses y los cinco años. Los niños/as necesitan entornos lógicos y coherentes, necesitan referencias claras y claves para moverse en su entorno, precisan de rutinas y gestos repetidos a los que puedan ir asociando el mundo, su mundo… esto lo propician educadores que son a su vez coherentes, y es que, una gran verdad es que gran parte del aprendizaje se debe a la imitación de modelos, los niños no tienen otras capacidades de aprendizaje (irán adquiriendo niveles lógicos, abstractos etc.) más que la de repetir aquello que ven hacer en su entorno. Nunca os habéis sorprendido (cuánta más edad menos, pero…) al daros cuenta que en otras casas (familias) las cosas que para nosotros son tan normales pueden ser de otro modo (Ej. tonto: la pasta para algunos es sinónimo de macarrones, pero a lo mejor para otros es spaghetti y quizá tú nunca hubieras imaginado que otra gente no pueda concebir ni tan siquiera que no se les ponga chorizo como no le ponen en tu casa desde siempre) para los niños/as lo que ocurre en su casa es la única manera en que las cosas pueden ocurrir.

      No solamente esto ha de aplicarse con los más pequeños, con los que no basta el intentar ofrecerles un entorno físico estable y seguro, sino también emocional, para que puedan crecer… también cuándo ya van creciendo y siendo más conscientes e incluso mayorcitos. Lo más dañino para una relación educativa es que se rompa la coherencia, los educadores deben ser consecuentes con sus compromisos positivos y determinados en aquellos que suponen la negación o la retirada de algo; los educandos deben poder saber a que atenerse. Amenazas constantes que nunca se cumplen y que van minando la relación, promesas de hacer cosas juntos o compromisos de “hoy no, mejor otro día” y que nunca llega, compromisos que parecen pactos entre empresas (si ahora me haces caso luego yo…) situaciones vinculadas a la situación o estado de ánimo en que nos encontremos (un día nos vamos al centro comercial y le compramos tres juguetes y vamos al cine y cenamos una hamburguesa y otro día, sin motivo tampoco, le ponemos a hacer deberes toda la tarde)

             Resumiendo: Quizá algunos otros ejemplos sean el mejor resumen. La coherencia no debe ser sinónimo de rigidez o autoritarismo, muy al contrario (recordar los otros básicos, todo está relacionado, ej. Decirles muchos “sies”) supone prevenir muchas cosas antes de que supongan algo grave y modula muy bien la relación…

      Si por ejemplo me planteo que mi hijo vea menos la tele y lo vínculo a un horario coherente dentro de un plan de día razonable y somos consecuentes será más fácil de conseguir que si amenazo con cosas que me va a costar cumplir…

      Otro ejemplo sería que para que estudie en verano nos quedamos toda la familia sin vacaciones porque le dijimos durante el curso que si no aprobaba todo no iría al pueblo…

      El último, un ejemplo cotidiano que me gusta mucho y que ilustra muy bien esto de cumplir y ser consecuente sería el de escuchar (prestar atención) al chaval/a en cuánto nos lo pide. Yo soy partidario de que cuándo nos comprometemos con prestar atención a alguien, ha de ser de verdad (no vale estar asintiendo con la cabeza como los perritos aquellos de los coches, y mientras, seguir viendo la tele) si necesitan que le escuchemos y en ese momento no podemos pueden pasar varias cosas: que dejemos todo lo que tenemos entre manos para atenderlo (error grave que les genera una sensación equivocada de poder y no les permite explorar sus sentimientos ante la espera, la frustración etc.) decirles que le estamos escuchando (y no es verdad ya que seguimos a los nuestro) decirles que ahora no podemos (y luego tampoco encontramos el momento o nunca) y la más coherente, decirles que más tarde (y luego encontrar un buen momento para dedicación exclusiva y prestarle toda nuestra atención) de modo que como esto pasa constantemente muchas veces al día, siendo coherentes les enseñamos, además de, a ser pacientes, a que somos dignos de confianza y que cumplimos con la palabra.

 

– El amor es el ingrediente fundamental.

 

      Últimamente también estoy cada día más convencido de que los extremos se tocan, es por eso, que se podría decir tantas cosas sobre este básico que quizá no merezca la pena decir ninguna… buena alguna sí diremos, pero brevemente.

      Hace ya algunos años me eligieron unos amigos de mis padres para ser padrino de su hija adolescente en su Confirmación… aquella época muchas conversaciones giraban entorno a ella y yo dedique mucho tiempo a analizar mi propia adolescencia y comparar en que se diferenciaban (en realidad no era ni mucho menos distinta, yo diría que incluso la mía había sido más “movida”, digámoslo así) después de mucho reflexionar intenté buscar el ingrediente fundamental para entender el éxito al pasar esa etapa tan importante en la vida.

      Siempre se ha dicho que la adolescencia es como una enfermedad que termina pasándose, yo no quiero ser alarmista ni derrotista, pero aunque en la mayoría de los casos se pasa con bien, también hay casos que deja secuelas y incluso puede llegar a ser mortal (no exagero, afortunadamente no es la mayoría pero hay muertes en este período de la vida y aunque quizá sean las menos como con la gripe A, y tengan que ir asociadas a factores de riesgo como determinados rasgos de personalidad etc. las hay) Pues bien, mi reflexión me llevaba a pensar que era lo que podía lograr que “rebeldes” abonados a la adolescencia en su máxima expresión y vivida a tope llegáramos a ser adultos responsables, con criterio, estables e incluso maduros y por lo tanto, con adolescencias turbulentas pasadas “sin morir en el intento” La única respuesta que me satisfizo y que aún la vida, el desempeño profesional y etc. me reafirma es que es ingrediente fundamental es el Amor.

      Aún así puede que no haya nada que garantice el éxito total y que incluso, a veces, la vida se abre paso a pesar de todo e incluso niños/as sin amor pasan la adolescencia con ciertas garantías… pero yo sigo pensando que aunque no haya conversaciones, ni enseñanzas, ni nada sobre temas básicos, aunque falten otras cosas como muchos juguetes o cosas incluso más básicas etc. lo único que garantiza y que no puede sustituirse por nada, es el Amor (incluso aunque a veces ni siquiera te llegue de tu familia más cercana y en casos más extraordinarios te llegué de una entidad tipo un centro de día o etc.)

             Resumiendo: Aún cuándo no sepamos abordar determinados temas con nuestros hijos, aún cuándo no estemos seguros de estar tomando las decisiones correctas, aunque nos sintamos a años luz de entenderles y nos preguntemos dónde está nuestro hijo que a ese ya no le conozco… deberemos seguir anclados en el amor, igual que cuándo eran pequeños y después de acabar con todos los recursos a nuestro alcance el darle un gran abrazo en silencio era lo mejor. Que cuándo, ojalá no suceda pero… “metan la pata hasta el fondo en algo” y vengan de vuelta a sus padres encuentren el amor entregado e incondicional y no reproches, búsqueda de culpables y culpabilidades.

      No sé como decirlo con otras palabras, ya podríamos doctorarnos en miles de escuelas de padres, ya podríamos ser el educador del año preparando dinámicas o el más destacado catedrático en tribus y nueva cultura juvenil… sino tengo Amor todo es nada.

 

– La autoridad que se basa en el respeto mutuo, en la confianza, en el reconocimiento (sabes silbar, “en sus cosas”) etc. Afecto (“que sepan que les quieren”) etc.

 

      Como ya sabéis, muchas de las cosas que yo he separado en apartados pueden estar (y de hecho lo están) muy relacionadas… la razón de separar los básicos es más bien por darle más peso a cada uno, y aunque el resultado pueda acabar siendo algo artificial, creo que es la mejor forma de hacerlo. De todos modos, como hay argumentos trasversales y comunes a todos los temas y con el objetivo de poder trasladaros mis ideas de modo lo más comprensible posible, voy a intenta ser más conciso y evitar repetir conceptos globales, limitándome, en la medida que sea capaz, a resaltar las peculiaridades de cada básico. Esto no irá en detrimento, ni menoscabo de ningún apartado, ya que los que he considerado básicos son estos y ni más ni menos, cada uno en el mismo rango.

      Por ejemplo, cosas que saldrían (y ya han salido) siempre:

 Estar en lo que a ellos les gusta, dejarles que reciban “sies” en aquellas cosas que son de su agrado.

 Amarles de manera incondiconal, de manera que ellos, a su vez, sepan que se les quiere.

 Ser consecuentes de modo que puedan saber que ejercemos la autoridad con criterios de justicia, equilibrio y que pueden confiar en nosotros.

      Volviendo al tema concreto de este básico, la autoridad se gana y se tiene o no se tiene por criterios diferentes a la fuerza, el temor, el abuso etc. y siempre la otorga el educando, no la impone el educador. El educador lo que debería hacer y tener muy presente siempre es que poder tener “cierto ascendente” algún grado de influencia sobre el educando es una tarea que requiere esfuerzo constante y que nunca acaba. El ejercicio de la autoridad es una gran responsabilidad y se basa en que es un servicio humilde y no es hacía dentro del que ejerce el rol de autoridad sino completamente hacía afuera, buscando el crecimiento y la madurez (marcando límites como modo de situar a la persona en su camino, en su proceso, en su proyecto y simplemente acompañar) del educando y no el inflar el ego o el deseo de poder del educador confundido.

             Resumiendo: La autoridad que se consigue mediante el permiso (explicito e implícito) del educando que nos deja acompañarle en su historia vital y que se basa en llegar a ser “de fiar”, en que se nos nota que solamente nos mueve el interés por su desarrollo pleno y búsqueda de la felicidad, en que somos capaces de escucharles, de ponernos en sus cosas, de gustar de lo que ellos gustan, de que el hecho de que nos importan y nos preocupamos por ellos no es una pose.

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Acerca de eMe Psicología Positiva

~Luis Felipe Prieto Vara (Psicólogo Social y Positivo) ~Myriam López Martín (Trabajadora Social) Co-desarrolladora en ~~>”La Educación Como Compromiso” FINALISTA del CONCURSO IDEAS+INNOVADORAS (CEEI Valencia y Florida Universitaria) Base teórica: “La Educación Como Compromiso. Mis Básicos de Educación o los doce elementos de la Competencia Educativa” Autor: Luis Felipe Prieto Vara [1ª Presentación pública: enero 2011] Obra inscrita en el Registro General de la Propiedad Intelectual de la Comunidad Valenciana con el nº de asiento 09/2012/30
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